Ven que te lo presento
Respondí: no gracias
Hace años me dedicaba a dar conferencias por España. En capitales de provincias, cámaras de comercio, sedes de bancos, universidades…
Lo hacía a través una agencia de conferenciantes que trabajaba realmente bien.
Ellos se encargaban de que nos tratasen al nivel cinco estrellas a todos los conferenciantes a los que representaban.
En esas tournés hice cierta amistad con un famoso director de cine y con un emprendedor muy salado canadiense de padres marroquís.
Se ponía zapatos de payaso y se subía a las mesas para dar sus confernecias.
Un estilo muy “Circo del Sol”, también canadiense.
Al estar disponible, las conferencias iban sucediendo y coincidiendo con distintos personajes, una cantante de ópera, un director de orquesta, un presentador de televisión…
La agencia nos convocaba puntualmente a cenas para que nos conociésemos. Eso era de lo más interesante.
Así conocí a dos de los protagonistas reales de ¡Viven!
Gustavo y Fernando, durante la reunión nos contaban anécdotas no tan conocidas sobre el accidente de los Andes.
Inciándose el verano, la convocatoria cambió de formato y pasó a ser un cocktail en la terraza de hotel cercano a la Gran Vía madrileña.
Una ubicación única.
El presentador de televisión se me acercó y me propuso presentarme a un político de muy alto rango y unas cejas diabólicas.
Le contesté que no tenía ningún interés en conocer a semejante personaje.
Un payaso sin zapatos y sin gracia.
El tiempo me dió la razón.
Tan importante como decir sí es saber cuando decir no. No siempre acerté. Aquella noche sí.
Por cierto, a la única persona que eché de mi despacho siendo un humilde editor con no más de 23 años, fue a uno de los dos fontaneros del partido político del payaso.
Otro acierto. Ya van dos.


Cierto Sixto. Para payasos, solo los de verdad, los del circo, los que son muy inteligentes y admirables por su labor artística... los otros son absolutamente prescindibles e innecesarios, detritus sociales...
Un personaje con unas cejas tan diabólicas no puede ser trigo limpio, menos mal que todavía quedan Jueces libres en este pais.