Cuento triste de juventud
Acabo de tener una conversación...
Este amigo es mentor, emprendedor, visionario, profesor, conferenciante, inspirador e hiperactivo.
La vida le sonríe y le sobran los proyectos.
Esta mañana hemos hablado y, como estamos en una sintonía muy parecida, nos hemos contado algunas de nuestras preocupaciones.
Ambos somos joviales, esto es, animados, cordiales, con buen humor. La palabra viene de “juventud”, de vitalidad, de simpatía y de alegría.
Se puede ser mayor en edad y muy jovial. Y se puede ser joven y muy poco jovial.
Mi amigo mentoriza a jóvenes estudiantes y recién licenciados que intentan desarrollar proyectos emprendedores. Sus conclusiones:
— La mayoría de los jóvenes españoles sufren de un sobreproteccionismo muy destructivo. Les han sobre protegido sus padres, los padres de sus amigos, sus profesores, sus vecinos… Les han anulado la madurez, y con ello la asunción de responsabilidades. La inutilidad pasa factura.
— Por si eso no fuese grave, han crecido con barra libre de Youtube y se han creído que pueden llegar a crear imperios desde la ignorancia simplemente visualizando a “youtubers” con Lamborghinis y Ferraris alquilados. Y siguen “invirtiendo” cientos de horas al mes en escuchar chorradas pensando que son aprendizajes útiles que les van a proporcionar éxito y riqueza.
— Y la guinda del pastel es la inteligencia artificial que por falta de cabezas bien amuebladas, no saben usar correctamente pero asumen que sí. Y claro, falta de madurez más castillos en el aire, les hace pensar que pueden delegar en la IA cualquiera de sus tareas y quedarse tranquilamente descansando. O mejor aún, ir a hacerse un nuevo tatuaje, a crossfit o a las rebajas a poner el armario al día.
— La mayoría de los proyectos que le presentan carecen de los mínimos de sentido común.
No ocurre lo mismo con los colectivos de inmigrantes hispanoamericanos que mi amigo también mentoriza. Me cuenta que en ese caso son muchísimo más maduros, con una gran capacidad de esfuerzo y de sacrificio. Sin “pájaros en la cabeza”.
Por lo menos hay esperanza en esa parte de la juventud.
No hay alternativa al esfuerzo de aprender y luchar contra la adversidad. Aquí, a veces enseñamos cosas o hacemos pensar al que lee.

